Beloved Vitacora I

El sol ya se escondía entre las olas que enfadadas llegaban a la orilla, rugiendo, haciendo rodar las piedras, mareandolas. La marea baja de lo que aún no se considera de noche. El cielo en un degradado púrpura y añil, sin nubes, sin formas, un sencillo trazo recto al fondo indicando lo inalcanzable, un horizonte que se esconde en la bruma. No era una puesta de sol especial, otra más de un día sin acabar, como todos los planes que tenia al principio. Y parecía otro de esos finales sin final, te quedarías en el cine hasta que acaben los créditos soñando que después la historia sigue, un final abierto que deja muy pocas salidas. Y dentro un sentimiento no de culpa, ni tristeza, ni morriña, como ese que solo aparece en las despedidas que son un “hasta luego”, pero pasará mucho tiempo hasta que ese “luego” llegue. Y no hay más que dos barcos en el mar que regresan a puerto, ya era hora de volver. La temperatura del aire es indecisa, pidiendo que el tiempo pare, echar raíces pero siempre con ganas de marchar. La brisa que huele a sal, a humedad, te enreda el pelo como gritando “No me dejes” pero al mismo tiempo despidiéndose de ti. Sigue pensando a dónde te llevará la siguiente ola, pues nunca es tarde para soñar, incluso estando despierto.

I. G. A. Baschwitz